Apreté tu retrato contra el pecho
y setí tu presencia quemándome los huesos...
Al retrato de mi madre
Madre mía, se desgajan las angustias de la tarde...
Ya comienzan a arroparse, los cafetos y las cañas...
En las rocas de cuchilla, un sol rojo triste bate,
los bagazos mortecinos de su luz desesperada.
El silencio como estatua, taladraba junto al aire,
ya me asecha, ya me quema con sus manos fantasmales
y me encierra en el mutismo, misterioso de la tarde, donde mueren las sonrisas, de tus ojos maternales...
Esta tarde es diferente... Has venido hasta mis manos, desafiando tantos ríos, tantas olas de los mares...
Has venido hasta mis manos, transformada en un retrato,
a acallar con tu rostro, los dolores de mis tardes...
Y por eso estamos juntos, —Separados si se quiere—
Pero unidos por los hilos más sublimes del amor...
Te he besado en tu retrato; te he besado madre ausente
y en cada beso he dejado, pedazos del corazón.
+ Padre Hugo Vásquez Almazán
Ponce, Puerto Rico,
Mayo de 1961
(Del poemario de su autoría "Fuego y Ánfora"í
martes, 8 de mayo de 2018
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